viernes, 29 de agosto de 2014

Nutria en el río Sisalde

La tarde, gris y lluviosa, no invitaba a salir al campo, pero las ganas de dar un relajante paseo superaron a la pereza y me planté en el entorno del río Sisalde. La lluvia también tiene su encanto, y particularmente me encanta el sonido de las gotas cuando golpean la vegetación y la tierra. En ciudad siempre queda eclipsado por el sonido de los coches que pasan sobre el asfalto mojado.

Decido tomar un pequeño camino paralelo al río por el que nunca antes me he aventurado, y me entretengo fotografiando odonatos. Creo que todo lo que consigo fotografiar son ejemplares de Calopteryx haemorrhoidalis, macho y hembra, respectivamente.




El sendero no tiene continuidad y alcanzo un punto en el que la vegetación lo cubre todo. Incluso el estrecho río desaparece bajo las plantas. Va a ser hora de dar media vuelta, pero antes de eso, me quedo unos instantes contemplando todo lo que me rodea. Todo está muy tranquilo, hasta que de pronto el silencio se rompe con una especie de resoplido, que percibo muy cercano. Sin embargo, no acierto a ver nada. Parece que proviene de la vegetación que tengo justo delante, pero ningún ave emite un sonido así y el matorral es muy frondoso como para que haya algo grande por ahí.

Al momento me parece percibir que una zona del agua se vuelve algo turbia. Puede que algo se esté moviendo por ahí abajo. Mientras echo mano de la cámara para empezar a grabar un vídeo, veo, ya con mucha más claridad, cómo se levanta el lodo del lecho del río en una zona más abierta.


También puedo ver unas pequeñas burbujitas que suben a la superficie.


¡Y por fin aparece la nutria! Sólo me enseña el trasero, pero me impresiona tenerla literalmente a mis pies, a apenas un metro de distancia. Totalmente ajena a mi presencia, no tengo claro si buscaba alguna presa o simplemente se divertía jugando.


Sin embargo, lo mejor estaba aún por llegar, ya que, después de desaparecer un momento, la nutria sale a la orilla, esta vez unos metros más alejada. Ahora sí que me descubre inmediatamente, pero el susto le dura una décima de segundo y, tras amagar con desaparecer de nuevo en el agua, su curiosidad vence a su miedo y me regala unos segundos impagables, ahí los dos inmóviles, observando y siendo observados. Trato de no mover ni un pelo, pero también quiero al menos sacarle una foto antes de que se vaya. Intento fallido, la cámara bridge no quiere enfocar...



Tras los dos fracasos de foto, decido darle al botón del vídeo para capturar el momento. Un par de fotogramas de muestra:



Después de unos segundos de contacto visual, el animal decide que ya es suficiente y se refugia de nuevo en el medio acuático. En el vídeo se puede apreciar un instante muy gracioso en el que la curiosa nutria, antes de desaparecer definitivamente, asoma con disimulo por debajo del tronco para lanzarme una última mirada.


Deshago el camino sin quitar ojo del curso de agua, pero "mi amiga" se ha esfumado como un fantasma. Quién sabe, quizá ya esté cientros de metros río arriba. O quizá he vuelto a pasar a su lado, no me he enterado de nada y he sido observado de nuevo desde algún estratégico escondite. Como tantas veces habrá ocurrido y ocurrirá.

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